Días buenos y días en los que la chica por la que te dejó el chico que te gustaba consigue la beca a Berlín que tu también querías.

Mi nombre es Ixca Cienfuegos. Nací y vivo en México, D. F. Esto no es grave. En México no hay tragedia: todo se vuelve afrenta. Afrenta, esta sangre que me punza como filo de maguey. Afrenta, mi parálisis desenfrenada que todas las auroras tiñe de coágulos. 

Mi nombre es Norte. Nací y vivo en ciudad Juárez. Esto es grave no agudo ni esdrújula. O más bien gravísimo. Me hierve la sangre, me punza me arrrrrrde. No hablemos de afrenta, las afrentas también son agudísimas, digo, gravísimas. Me siento afrentada, afectada y constipada.

Y mi eterno salto mortal hacia mañana. Juego, acción, fe -día a día, no sólo el día del premio o del castigo; veo mis poros oscuros y sé que me lo vedaron abajo, abajo, en el fondo del lecho del valle. Duende de Anáhuac que no machaca uvas -corazones; que no bebe licor, bálsamo de tierra- su vino, gelatina de osamentas; que no persigue la piel alegre: se caza a sí mismo en una licuación negra de piedras torturadas y ojos de jade opaco. 

Desperté esta tarde después de sumergirme en una vorágine de edificios que por segunda vez me atrapó sin encontrarte. Todo es tan frío y mediocre al despertar pero duermo y me pierdo en buscarte, llueve y sigo en un cubo que no da para donde pensando que está pasando el tiempo. Veo mis manos bajo la lluvia, mis piernas tiemblan, mi ombligo se esconde. Ya no soy cuerpo y sin embargo estoy en el tiempo.

De hinojos, coronado de nopales, flagelado por su propia (por nuestra) mano. Su danza (nuestro baile) suspendida de un asta de plumas, o de la defensa de un camión; muerto en la guerra florida, en la riña de cantina, a la hora de la verdad: la única hora puntual.

En parte fue mi culpa, en parte del destino. La vida siempre tiene una forma tan eclesiástica de burlarse de uno, como dogmáticidad impregnada, como canto acallado. Soy tan patética que a veces me escrudriño a-tomo por átomo y me desintegro al amancer y me convierto en mar al anochecer.

Poeta sin conmiseración, artista del tormento, lépero cortes, ladino ingenuo, mi plegaria desarticulada se pierde, albur, relajo. Dañarme, a mí siempre más que a los otros: ¡oh derrota mía, mi derrota, que a nadie sabría comunicar, que me coloca de cara frente a los dioses que no me dispensaron su piedad, que me exigieron apurarla hasta el fin para saber de mí y de mis semejantes! 

Como dije me hierve la sangre, me muerdo y me renuevo. Ella viaja, ustedes en el teatro tomados de la mano. Yo en un cuarto imaginario pensando, existiendo apenas. Me han arrebatado todo y sin embargo no lo tuve. ¿Cómo es que puede disolverse un momento antes de ser capturado en lo perfecto? Me escondo entre la penunmbra y visualizo la débil existencia de tu mundo en mi mundo o viceversa. No tengo nada pero no me derrumbo.

¡Oh faz de mi derrota, faz inaguantable de oro sangrante y tierra seca, faz de música rajada y colores turbios! Guerrero en el vacío, visto la coraza de la bravuconada; pero mis sienes sollozan, y no cejan en la búsqueda de lo suave: la patria, el clítoris, el azúcar de los esqueletos, el cántico frisado, mímesis de la bestia enjaulada. Vida de espaldas, por miedo a darlas; cuerpo fracturado de trozos centrífugos, gimientes de enajenación, ciego a las invasiones. Vacación de libertad que se escapa en la red de encrucijadas sin vértebra.

Y pensar que me fui por la madera, por la orilla sin rozarte si quiera al solo el leve toque de tus manos por mi cintura. Para esperarte sin cansarme y contenerme cuando por dentro yo me desbordaba porque a lo lejos te creía y a lo cerca la veía. Y te fuiste y no quiero que regreses. AU-nque estás presente a todos los lugares a los que quise ir y te odio por arruinar tan bellos lugares.

Y con sus restos mojamos los pinceles, y nos sentamos a la vera del camino para jugar con los colores… Al nacer, muerto, quemaste tus naves para que otros fabricaran la epopeya con tu carroña; al morir, vivo, desterraste una palabra la que nos hubiera ligado las lenguas en las semejanzas. Te detuviste en el último sol; después, la victoria azorada inundó tu cuerpo hueco, inmóvil, de materia, de títulos, de decorados. Escucho ecos de atabales sobre el ruido de motores y sinfonolas, entre el sedimento de los reptiles alhajados.

Breve dislocación de la memoria. Aún eres un calambre constante en el pecho que se expande hasta mis rodillas, que me inca y me suprime. No hay dependencia, la dependencia se corto de un hilo rojo creímos, oh manía daltónica que no te dejaba ver ni escuchar porque solo escuchabas con tu oreja izquierda cuando yo no estaba ahí rogándote un pedacito en tu izquierda al pecho, al corazón.

Las serpientes, los animales con historia, dormitan en tus urnas. En tus ojos, brilla la jauría de soles del tópico alto. En tu cuerpo, un cerco de púas. ¿No te rajes, manito! Saca tus pencas, afila tus cuchillos, niégate no hables, no compadezcas, no mires.  Deja que tu nostalgia emigre, todos tus cabos sueltos; comienza, todos los días, en el parto. Y recobra la llama en el momento del organillo callejero, cuando parecería que todas tus memorias se hicieran más claras, se ciñeran. Recóbrala solo. Tus héroes no regresarán a ayudarte. Has venido a dar conmigo, sin saberlo, a esta meseta de joyas fúnebres. 

(…) Aquí nos tocó. Qué le vamos a hacer. En la región más transparente del aire. 

(Los textos en bold son propiedad de Carlos Fuentes/ la región más transparente, no tienen nada que ver con los textos sin subrayar sin embargo hacen lo que se denomina cadáver exquisito o algo parecido, mi corazón duele y necesita mimetizarse con alguna excelente lectura, gracias.)

mano

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