Nunca se enamoren de un drogadicto por que duele mucho.

Hablar de ti me ayuda a olvidarte. Saber que estamos condenados a repetir nuestra historia y contarla, cada vez me hace desprenderme un poco de ella. Soltarla, dejarla en un barquito de papel a que flote por el río bravo. En un río de agua fresca, corriente rápida (que no existe). Si alguien contara mi historia contigo diría que he perdido un amor y un amigo por culpa de las drogas o por culpa de tu estupidez.

Si, he perdido a alguien por culpa de las drogas, sin afán de declararme moralista porque a fin de cuentas cada y tanto es necesario un buen porro. Diría que fue como en enero, un día te metiste tanto ácido en una fiesta y te dio tan mal viaje que prometiste que las dejarías, obviamente no cumpliste y después de una semana de estar limpio volviste a consumir todo con más intensidad. Cigarrillos, cristal, hongos, lsd, mota. Tus cambios de humor eran cada vez más cercanos, más violentos.

Te fuiste a una galaxia que ni siquiera yo conocía y de la que solo a veces regresabas para darme algo de luz e irte otra vez. Fui perdiendo poco a poco tu alma que se escondía cuanto más la buscaba. La persona que yo quería ya no estaba, te fuiste y solo quedó tu cuerpo vacío. Y yo conservaba la esperanza de resucitar lo muerto o que algo de vida quedaba en ti.

Necesito tu luz.

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