R. se va a casar.

Amanecí con la noticia de que R. se iba a casar con la chica que hace tres años había engañado conmigo. Como cuando amanecí con la otra noticia de que me había mentido y al final no me amaba y regresaba con su ahora prometida.

No es que piense que podría estar mejor conmigo. No, ni quiero. Pero es increíble cómo las personas cambian cuando no luchan por alcanzar sus sueños. El día que lo conocí se veía tan lleno de vida y con tanta emoción que lograba transmitirla. Se notaba su pasión por hacer las cosas, de moverse y ser diferente.

R. me dijo que había faltado al trabajo y se había escabullido a las albercas donde estabamos a escondidas de sus padres sólo por irse con su mejor amigo a pasar el tiempo. Y los dos estaban tan fellices de estar ahí. Quería irse de la ciudad a estudiar fotografía, quería romper las reglas.

Recuerdo que dos semanas después me miró a los ojos, me tomó de las manos y me dijo que él haría todo lo posible porque yo cumpliera mis sueños, que si él no lo podía lograr que al menos yo sí. Los dos queríamos irnos de la ciudad y estudiar en la mejor universidad de latinoamérica. Creo que ahí fue donde de verdad lo empecé a querer…

Y luego, así como había llegado, así se fue.

Para cuando lo volví a encontrar, o bueno en realidad no lo volví a encontrar porque ya era otra persona.

Ahora estudiaba en la universidad local y trabajaba en algo que si bien le daba dinero, no le daba felicidad. Decía que quería comprarse un carro, tener una casa, casarse y tener hijos. Fue muy triste tener que verlo así, vaya, ahora que lo pienso suena como si sus sueños tuvieran una enfermedad terminal y los días contados. Desahuciado. Fue triste verlo sin metas que fueran más allá de lo material o “lo que se debía hacer cuando eres grande”.

El ver cómo se deshacía y se convertía en cenizas fue simplemente aterrador. Pude verme en un espejo y comprender que jamás sería lo mismo.

Hoy me dicen que se va a casar y no sé cómo decirle que no quiero que lo haga porque yo sé que va a ser muy infeliz. No es que crea que el matrimonio es sinónimo de una forma de esclavitud contemporánea total sino porque sé que lo hace por cumplir.

Que obviamente no iba a estar mejor conmigo porque yo no quería estar con R.  pero de alguna manera retribuirle el hecho de que en algún momento me llenó la cabeza de esperanzas en un cambio, de que podía hacer las cosas diferentes.

Pero en fin, supongo que se me olvida que R. ya es otra persona y que aunque le dijera esto seguiría sin entender. Como si pudiera hablar con su pasado.

Ahora solo puedo ser una espectadora de su “vida feliz”.

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