Como el viento.

Como cuando dices que vas a dejar a tu pareja y no la dejas.

Como cuando dices que vas a hacer ejericio al despertarte y te quedas dormido hasta las 3 de la tarde.

Como cuando le dices a tu mamá que ya no vas a fumar y te sigues escondiendo para hacerlo.

Como cuando dices que esta es la última vez que te metes esa droga y esa “última vez” se convierte en un interminable decifrar de horas de angustia hasta la próxima toma.

Eres todas esas caricias subyacentes, esos acrónimos falsos, las madrugadas en las que te dices a ti mismo que mañana será ese día mejor, que mañana vas a cambiar, que… que.

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