Y cuando me enamore de una mujer que tenga muchas mujeres, llegaré a su casa por la mañana y me abrirá alguien que no soy yo, pero que se parece a mí. Le diré: buenos días, muchachita, ¿tú eres la nueva? Yo me llamo Carolina, puedes decirme Carolina. ¿Tú cómo te llamas? No importa, te llamaré Soledad porque la soledad en ella es pasajera… como tú. ¿Te sirvo algo de tomar?

Y miraré, tomada de la mano de la mujer a la cual me aferro, como aquella nueva poco a poco se va y desaparece en el camino.

 Bibiana Faulkner
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