Lo citaré en un hotel y tendremos una noche espectacular. Y por espectacular me refiero a espectacular. Por la mañana desayunaremos y nos acariciaremos las manos por debajo y por encima de la mesa; hablaremos de los titulares del periódico y asentiremos en todo como si estuviéramos en absoluto acuerdo. Al despedirnos y, después de darle un último, pequeño, sencillo y bonito beso en la boca, le diré que no quiero volver a verlo en mi vida.
Todo sea por tener una cita perfecta.

Bibiana Faulkner

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