Sobre el sexo intelectual.

“Nunca veas a una puta con luz de día, es como mirar una película con la luz encendida. Como el cabaret a las diez de la mañana, con los rayos de sol atravesando el polvo que se levanta cuando barres. Como descubrir que ese poema que te hizo llorar a la noche, al día siguiente apenas te interesa. Es como sería este puto mundo si hubiera que soportar las cosas tal y como son. Como descubrir al actor que viste haciendo Hamlet en la cola del pan. Como el vacío cuando te pagan y no sentís ni siquiera un poquito. Como la tristeza cuando te pagan y sentiste por lo menos un poquito. Como abrir un cajón y descubrir una foto de cuando la puta tenía nueve años. Como dejarte venir conmigo sabiendo que cuando se acabe la magia vas a estar con una mujer como yo, en Montevideo”

Alguien me abordó la otra noche en la fiesta, se acercó a pedirme fuego y dijo algo acerca de ” sus cigarros de hombre” (por ser sin sabor alguno más que el tabaco) molestando a su amigo por fumar mentolados. Miré a quién yo le prestaba mi encendedor y le dije que no debería de llamar “cigarros de hombre” a sus marlboro con filtro porque yo fumaba cigarros sin filtro y eran más fuertes. Me preguntó nombre y edad, se sorprendió al saber que tenía mucha más edad de la que aparento.

Se despegó una serie de debate algo íntimo para unos desconocidos hablando sobre la vida, la política, la sociedad, temas triviales, paradigmas y todo por decir que los cigarros de él no eran lo suficientemente “rudos” según su concepto. La confianza estaba porque también hubo alcohol presente antes de conocernos, mucho… o ya no me acuerdo la verdad. Le dije mis puntos de vista, aprendí de él. Conversamos durante horas en el patio de atrás, muertos de frío ciertamente porque la perra dueña de la casa nos cerró la puerta. Fumando cigarro tras cigarro y él robándome los míos. Hizo un intento por decifrarme mientras yo lo atacaba con preguntas directas, le dije que a mi me gustaba la honestidad… la libertad. Siendo sinceros, me gustó mucho su dialéctica y la forma en la que pensaba (aunque sólo fuera por el alcohol), su forma de ver la vida y cómo me pretendía impresionar.

Caminamos un rato por la manzana, de pronto me acercó a él y me dijo que yo le gustaba, que le atraía de alguna extraña manera. Que era como una mujer fatal para él.

Cuando me tuve que ir hizo un extraño intento por alejarme de los demás, me dio su teléfono. Le dije que tenía pareja y que no le aseguraba que lo llamaría. Porque a fin de cuentas lo nuestro fue un encuentro casual y cohincidencia quizás, un encuentro intelectual donde las palabras se entremezclaron con vodka. Eso señores es el sexo intelectual, el incitar a una persona con el uso de la síntaxis, semántica, morfología, léxico y fonética a pensar.

Los dos quedamos en silencio, muy cerca… ¿esperaban un beso mágico al final del cuento? no puedo negar o afirmar que eso pasó, usted júzguelo lector. Imagine.

La interrogante no resuelta es, ¿se acordará de mi en la mañana?

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2 comentarios en “Sobre el sexo intelectual.

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