Salidas y entradas.

A la edad de veinte años yo ya me había drogado lo suficiente como para matar a diez personas de una sobredosis, era la segunda o tercera vez que estaba en rehabilitación cuando en medio de ella mi abuela fue a visitarme, se sentó conmigo en un jardín que había a un costado de la sala de terapia, me miró a los ojos y me dijo:

-Mire mijo, si usted quiere morirse no haga tanto drama, en mi casa tengo un revólver escondido dentro del clóset negro al final del pasillo que puede usar. Dispárese entre las sienes y muérase de una vez para que deje de atormentar a su pobre madre que todas las noches reza por usted.

Pude vislumbrar una pequeña lágrima que salía de su ojo mientras tomaba su abrigo y se iba. Esa fue la última vez que la vi, cuando salí del centro me enteré que ella había muerto una semana antes de que viniera a visitarme… había usado el arma.

-MHV

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