Paris blue.

Sueños borrosos, primera parte.

Me llevas a la biblioteca y repites dos o tres veces que tienes que encontrar un libro “el amante”, muy ebrio, casi no puedes buscar en la computadora. Recorremos el pasillo “PQ” creo, porque yo tampoco lo recuerdo muy bien. 

Damos dos vueltas al mismo pasillo porque estamos tan borrachos que ni siquiera sabemos buscar bien. De pronto como que entro en consciencia y encuentro ese libro, me dices que lea la primera parte, el primer párrafo, te digo que lo leas en voz alta y lo haces:

Un día, ya entrada en años, en el vestíbulo de un edificio público, un hombre se me acercó.
Se dio a conocer y me dijo: “La conozco desde siempre. Todo el mundo dice que de joven
era usted hermosa, me he acercado para decirle que en mi opinión la considero más
hermosa ahora que en su juventud, su rostro de muchacha me gustaba mucho menos que el
de ahora, devastado”.

Luego me miras y yo te arrebato el libro para poder entenderlo mejor, hay mucha más confusión en mi mente de lo habitual, entre que lo leo en voz alta (o al menos eso pienso porque me cuesta trabajo articular palabras) me besas la mejilla y yo siento tu beso tan cálido, tan lleno de no sé qué, sin saber si es el último o el primero, es algo que disfruto, es algo que de verdad siento…

Y sonrío.

Me dices que la última parte del libro es mucho mejor y te reclamo porque no quiero que me cuentes el final pero aún así lo lees:

Años después de la guerra, después de las bodas, de los hijos, de los divorcios, de los libros,
llegó a París con su mujer. El le telefoneó. Soy yo. Ella le reconoció por la voz. El dijo:
sólo quería oír tu voz. Ella dijo: soy yo, buenos días. Estaba intimidado, tenía miedo, como
antes. Su voz, de repente, temblaba. Y con el temblor, de repente, ella reconoció el acento
de China. Sabía que había empezado a escribir libros. Lo supo por la madre a quien volvió
a ver en Saigón. Y también por el hermano menor, que había estado triste por ella. Y
después ya no supo qué decirle. Y después se lo dijo. Le dijo que era como antes, que
todavía la amaba, que nunca podría dejar de amarla, que la amaría hasta la muerte.

 

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