Si no te gusta que estemos juntos, tócame para sentirme aquí.

Y recordar el día que entraste a la habitación, querías pedirme que no te viera llorar, porque en tu familia está prohibido hacerlo. 

Me viste cual si fueras un muchachita de cinco años, rogándo por protección… ¿Y yo que podía hacer? Más que mirarte tiernamente y abrazarte, apretujarte contra mi pecho hasta de ser posible toda la eternidad para que calmaras tus ansias por no estar donde debías.

Te quise cobijar con mi voz, a veces la mentira que más necesitamos es la de “todo va a estar bien” o por lo menos esa era la que yo siempre necesitaba. Cuando pasa algo malo, es la mentira que más me tranquiliza. Te la dije un millón de veces, creía que cada vez que la decía era una mentira para ti y una para mi. Los dos nos calmamos. 

Me dijiste que gracias, la verdad nunca sé porqué se desean cosas así. Besaste mi mejilla, te sentías fría… más no distante. Y de pronto te disolviste como humo de cigarrillo. 

Quizás te vuelva a ver esta noche, o la otra, o la siguienteImage

Espero que esta vez puedas contarme como te convertiste en un ánima que habita en mi cuarto. 

 

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