Macjaladas y otros amores de la vida.

Macdonalds- Julián Herbert 

Nunca te enamores de 1 kilo 
de carne molida 
Nunca te enamores de la mesa puesta 
de las viandas, de los vasos 
que ella besaba con boca de insistente 
mandarina helada, en polvo: 
instantanea. 
Nunca te enamores de este 
polvo enamorado, la tos 
muerta de un nombre (Ana, 
Claudia, Tania: no importa, 
todo nombre morira) , una llama 
que se ahoga. Nunca te enamores 
del soneto de otro. 
Nunca te enamores de las medias azules, 
de las venas azules bajo la media, 
de la carne del muslo, esa 
carne tan superficial. 
Nunca te enamores de la cocinera. 
Pero nunca te enamores, tambien, 
tampoco, 
del domingo: futbol, comida rapida, 
nada en la mente sino sogas como cunas. 
Nunca te enamores de la muerte, 
su lujuria de doncella, 
su servicia de perro, 
su tacto de comadrona. 
Nunca te enamores en hoteles, en 
preterito simple, en papel 
membretado, en peliculas porno, 
en ojos fulminantes como tumbas celestes, 
en hablas clandestinas, en boleros, en libro 
de Denis de Rougemont. 
En el speed, en el alcohol, 
en la Beatriz, 
en el perol: 
nunca te enamores de 1 kilo de carne molida. 
 
 
Nunca. 
No.

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