Engordé.

Engordé de caricias, de sabores y olores.

Engordé como solo alguien profesional lo puede hacer, disfrutando cada aperitivo hasta el último bocado.

Y es que la verdad es que si subí algunos kilos pero eso que importa, lo importante es saber engordar de experiencias que enriquezcan el alma y no sólo el estómago. 

Me dirigí afuera de mi constipado mundo y tomé un poco de aquello y de esto. SI quieren llamarme gorda después de esto lo comprendo y a mucha honra lo represento. Porque sé que aún me falta engordar más. Así que les hago una atenta invitación a subir unos kilitos de empirismo puro y disfrutar de un buen beso atrincherado, grabar en la penca de un maguey su nombre y dejar a la rata de dos patas en su origen. 

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