Cierra lo ojos.

Situémonos en recordar las pláticas graciosas y sin valor que solías tener, el deseo de poder ver siempre la misma caricatura o película, lo poco que te interesaba el mundo de los adultos pero tu gran afán de parecerte a ellos, el dejarte sorprender sobre como unas mantas podían formar una casa o un fuerte, la fluidez con la que inventabas historias y viajabas a lugares inexistentes, el querer todos los juguetes que salían en la televisión.

Lo cierto es que para serles sincera, me cuesta trabajo, me enfoque tanto en ser adulto que olvidé la parte de disfrutar mi edad (¿Ven como ahorita me estoy quejando del pasado?).

Espero que estén bien pequeños niños interiores, que el abandono no extinga su deseo de jugar de vez en cuando para poder hacerle una travesura a sus padres, que el encierro no límite su capacidad y que… algún día puedan salir y darnos un momento de inocencia.

No vayan a leer el libro del Principito o quizás sí.

Amor y paz, M.

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